Ya es tarde en la noche, vienes de quién sabe donde, solo quieres regresar y el sentido de urgencia, de apuro e inseguridad hace que la noche te atrape y escapar se vuelve una labor interminable y hasta desesperante.
Las sobras incluso la mía que me persigue es tenebrosa. La transpiración es inevitable, a pesar del frío, estoy sudando de los nervios.
Estoy buscando la fortaleza que me puede resguardar y siento que doy vueltas sobre los mismos lugares sin ubicarla.
De repente y como un milagro ya la vez, custodiada y con su portal entre abierto, no soy rey ni tengo mayor investidura, tengo poco tiempo para llegar y tratar de entrar.
Apresuro mi paso y alcanzo a llegar, la sensación de sentirme a salvo es indescriptible.
Solo tuve que pagar algo de dinero, 2500 pesos... Ya se acerca el Transmilenio que me llevará a la casa hasta una próxima aventura en Bogotá.
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